viernes, 21 de marzo de 2014

Mujeres y morfina

Traducción al castellano del capítulo Women and morphine, del libro de Barbara Hodgson In the arms of Morpheus. Firefly Books, 2001.

Elizabeth Barrett Browning, Louisa May Alcott y Alice James tomaban láudano y notablemente aún en mayores cantidades, morfina. A Alcott(1832-88), la autora de Little Women, le dieron morfina en 1862, probablemente para combatir los efectos del mercurio, prescrito con el nombre de calomel, el cual a su vez se le dio después de ser diagnosticada con neumonía después de haber servido como enfermera de soldados en la Guerra Civil. Enferma la mayor parte de su vida adulta, Alcott sufrió dispepsia, insomnio, catarro, tos, falta de apetito, tuvo una úlcera en la garganta y perdió la voz.
Alice James (1848-92), la hermana invalida del novelista Henry James, después de haber sufrido una serie de colapsos nerviosos, no sólo tomo opio y morfina, también trató con electrochoques, hipnosis y otras dos misteriosas curas, “motorpatía” y “el tratamiento Monro”. A uno de sus hermanos, William,  le fue administrada morfina casi constantemente para aliviar sus dolores antes de su muerte.
Ella se convirtió en… ¿Cómo se dice?... Una morfinómana… Hay una sociedad entera así… Cuando se juntan, cada una de estas mujeres, trae consigo un pequeño estuche plateado con sus agujas, el veneno… y wham! en el brazo, en la pierna… No te hace dormir… pero se siente bien. Alphonso Daudet, L’Évangeliste.
El uso de la morfina por Alcott y James puede ser visto como parte antecesora a la experiencia que tuvieron las mujeres de  clase media después de 1850. Según el siglo iba avanzando y la jeringa era cada vez más aceptada, la morfina fue adoptada por otro grupo, menos definido. Mujeres de todos los niveles económicos comenzaron a inyectarse morfina, algunas veces por razones médicas y otras en búsqueda de euforia. Y su hábito no fue confinado a cuartuchos viciados como anteriormente fue hecho; fue al aire libre, incluso luciéndolo. Estadísticas confiables son difíciles de encontrar, pero numerosas referencias implican que el uso de jeringas entre el público del teatro fue tan común como el uso de cigarrillos. El uso de morfina por mujeres, alcanzó su pico máximo a finales del siglo diecinueve.
Muy seguido he visto gente con un arsenal de instrumentos para inyectarse, que gracias a sus doctores, han tenido siempre una solución de morfina a su disposición, lo suficientemente fuerte para envenenarlos. Incluso las damas pertenecientes a las clases más altas, van tan lejos en mostrar su gusto por la morfina que tienen estuches y botes hechos artísticamente con joyería. Dr. Zambaco (c. 1887)
Para finales de la década de 1800s las actitudes hacia el opio estaban cambiando. La adicción a las drogas, ahora reconocida, fue debatida y denunciada; fumar opio fue legislado, especialmente en América del Norte; patentes de medicinas y sus creadores fueron perseguidos –en 1906 fueron aprobadas las leyes, en Estados Unidos e Inglaterra, que regulaba tales medicinas. Todavía en 1908, el Examiner de San Francisco publicó una página completa exponiendo los kits de joyería para morfina –con sus viales y jeringas- disponibles en tiendas de moda de Nueva York. Titulado “Has it come to this?” el artículo denunciaba con indignación: “Las mujeres más ricas y a la moda están recibiendo, en las celebraciones más sagradas como Navidad, regalos de felicitación que evidencian su esclavismo a uno de los más desagradables y ruinosos vicios.” Los estuches costaban de $135 a $500 dólares, pero los altos precios no las disuadían, una mujer fue vista ordenando más de dos.
Que esta tendencia haya llegado pronto a las clases más bajas no fue sorpresa. Upton Sinclair escribió sobre la adicción a la morfina a principios de 1900 en Chicago. En su novela The Jungle (1906), Marija, una inmigrante pobre que ejercía la prostitución declara: “la madame siempre les da morfina cuando llegan, y le toman el gusto; ya sea que lo tomen para dolores de cabeza o cosas así, y adquieren el hábito. Yo lo tengo, lo sé; he intentado dejarlo pero nunca lo haré mientras esté aquí.”
Los hombres de clase media y baja no fueron la excepción, pero su adicción se expandió a un campo mucho más grande.  Los hombres podían beber alcohol, fumar cigarrillo e incluso fumar opio, comportamiento que no era permitido para las mujeres, al menos abiertamente. El uso médico de la morfina, junto con medicinas opiáceas, fue para ellas, al menos por un tiempo, una legítima vía de escape.
La adicción a la morfina entre médicos fue significativamente alta para llamar la atención; aunque el problema fue global, se vio principalmente en Francia, sin duda debido a los escritos de Léon Daudet y Oscar Jennings, este último adicto a la morfina por un tiempo. Los médicos tenían un suministro regular de drogas, sus horarios eran largos, las condiciones eran estresantes y vieron en la morfina un alivio a primera mano. Jennings reportó en su libro  The Morphia Habit (1909) que “el 20 por ciento de la mortalidad entre personal médico era debido a la morfinomanía.”
León Daudet fue doctor, periodista, novelista y nunca tomó opio, prefirió en cambio dos y media botellas de vino al día. Denunció la drogadicción en su novela La Lutte (1907), la cual fue basada en sus experiencias como médico interno. El héroe es un joven doctor con un brillante futuro que en algún momento descubrió que tenía tuberculosis. Desesperado por un alivio, tomó morfina.
El médico húngaro Géza Csáth comenzó a usar opio en 1909 y un año después comenzó a inyectarse morfina. Después de combatir en la Primera Guerra Mundial empezó a llevar navajas consigo, contrató a detectives para seguir a su familia y después le disparó a su mujer frente a su hija. Lo metieron en psiquiátrico de donde escapó al poco tiempo. Cuando fue detenido de nuevo, tomó un veneno y murió. Su cuento “Opium” es una apología de su debilidad, en un pasaje de 1913 en su diario, escribe: “Cometer pecado, dañarme a mi mismo sin disfrutarlo, esto es lo que más me atormenta. Si tuviera una pistola frente a mí, en momentos como este, me volaría los sesos, aquí mismo.”
Como el láudano, la morfina fue escrita como parte de la vida de todo tipo de personas, especialmente por los novelistas franceses y especialmente en los decadentes 1890s. Alphonse Daudet trabajó en su novela de fervor religioso, L’Evangeliste (1883), que incluye todo su conocimiento sobre la morfina.  El novelista y guionista Rachildre escribió sobre la adicción a la morfina en su guión Madame La Mort (1891). Les Imprudences de Peggy de Meg Villar, fue una sátira de Colette y su círculo de amigos, donde muestra a barones adictos a la morfina.
Y luego estaban los novelistas que condenaban a la morfina y a la decadencia por igual. Noris (1883) de Jules Claretie, Morphine (1891) de Jean-Louis Dubut de LaForest, La Possédés de la morphine (1892) de Maurice Talmeyr, La Comtesse Morphine (1885) de Marcel Mallat de Bassilan y La Morphine de Victorien du Saussay fueron fervientemente obras anti-morfina.
En La Morphine, una novela sobre adicción, curas fallidas, incesto y adulterio, desesperado por morfina el adicto Raoul vive en absoluta pobreza con su esposa, Blanche. Cuando Blanche guarda algún dinero para gastos del hogar, Raoul la golpea sin sentido por tomarlo. Su hermana Therese, no consumía morfina pero sus otras dos hermanas, prostitutas de clase baja Antoinette y Jacqueline, eran conocidas adeptas, adictas. En una encantadora escena de intimidad familiar, Raoul, Antoinette y Jacqueline comparten la jeringa de Raoul, que fue un regalo de navidad de su comprensible hermana Therese.
El Capitán Pontaillac se inyectó en público una ampolleta de morfina en su pierna, en el Café de la Paix, frente a sus impresionados amigos. Luce Moldays le arrebató la jeringa –también llamada Pravaz en Francia- y la pasó al Mayor Lapouge:
“¡No te lo devolveré, Capitan! Lo romperé con mi tacón” exclamó Lapouge, de pie.
“No te preocupes por eso, Mayor; ya  tuve mi dosis. Tengo otra Pravaz en mi bolsillo, y catorce más en casa.”
En La Morphine de Victorien du Saussay, Raoul, un morfinómano, ataca a su mujer Blanche, porque ésta le esconde dinero. Ilustración de Manuel Orazi. Paris.

martes, 18 de marzo de 2014

Entrevista con Salvador Roquet. Segunda parte.

Segunda parte.  Ver primera parte en: http://joechipnotdie.blogspot.mx/2009/03/entrevista-salvador-roquet-primera.html


¿Del universo?
Del mismo hombre, en principio. Después más allá, si se profundiza con el tiempo. El loco es un niño de un año, de dos años, es un primitivo. Poca diferencia hay entre un loco, un niño y un primitivo. Obsérvalos y verás. Tienen mucho en común los tres, y tienen algo indiscutiblemente común, que es un primitivismo, su impulsividad y sensibilidad. Son pozos de sensibilidad. ¿Qué es entonces la locura? Es un regreso desesperado del ser humano que se niega a dejar de sentir, va a la sensibilidad a pesar que equivocadamente busca el no sentir. Ahí están dos fuerzas antagónicas. En su afán de no sentir llega a su sensibilidad. Resulta hasta poético. Lo hace de manera afanosa, no le importa vivir la situación que sea. Así como en la postura de no sentir le importa poco destruirse. Va entonces a la fuente, al origen de su sensibilidad que es la locura. El primitivo, el niño, el loco tienen una sensibilidad extraordinaria. El ser humano que llega a la locura va a recuperar lo perdido, lo extraviado por haberlo enterrado con la complicidad de la sociedad, a través de sus planes de educación, valores, ideas. Para llegar a esto la psicosíntesis no quita validez, a las teorías freudianas, jungianas, de Adler, Fromm, ni a la reflexiología, conductivismo y la teoría del aprendizaje. No; les da fuerza, las complementa. Integradas podría lograrse una concepción exacta. Pero nuestro afán separatista, nuestra ausencia de amor precisamente, hace que cada teoría quiera vivir por sí sola aparte de las otras. Están sostenidas por hombres y vienen los fanatismos, los sectarismos y la pugna de unos con otros, y desaprovechan algo que ellos mismos crean. Si el f reudiano y el frommiano dejaran de ser vanidosos… Y es intelectual porque es vanidoso, y es esto por su inseguridad, por su miedo, por su complejo de inferioridad, porque no se ama. El mismo fragua su trampa. Va viendo la luz y fragua su prisión, su cárcel.
Fromm ha incursionado en el budismo zen.
Sí, pero se pierde. Escucha a Ejo Takata y sentirás otro  concepto del budismo, no del libro Zen budismo y psicoanálisis, no ese concepto distorsionado. No me refiero a Suzuki, sino a la interpretación que da Fromm. Y la gente no lo capta, no lo hace por su tendencia a idealizar, a sostenerse en sus limitaciones, en sus dogmatismos y sectarismos, en el grupo que se cree único por su actitud de autosuficiencia, de non plus ultra, de superhombres… Mira, también en esto cómo han desprestigiado a Nietzsche. Su concepto de superhombre es tan distinto. Su anticristo es religioso, es Cristo.
¿Cuáles son los fines de la psicosíntesis?
Tiene dos fines:  el encuentro de la sensibilidad y reintegrar la personalidad. La primera está enterrada por todo lo agregado, por las situaciones falsas, las capas de supuestas que aplastan la originalidad y creatividad del ser humano. Son fardos, como dice Gorki en su libro sobre la angustia. Este autor habla de la sensibilidad también, y mira, acabo de leer un libro semejante. Me quedé espantado sin saber si me había plagiado o yo lo había plagiado. Es Cartas al Greco de Katzan-zakis. No cabe duda, lo plagié porque la obra ya existía y el autor murió. Volviendo al tema, a la vez que eliminas ese fardo que aplasta la sensibilidad quitas la distorsión de la personalidad. No sólo aplasta la sensibilidad sino la personalidad en sí, lo que implica situaciones artificiales, venidas de cosas agregadas. Los dos fines que tenemos es quitar la carga, para que emerja la sensibilidad y entonces se reintegre la personalidad en sus elementos esenciales. Eso pues logra la psicosíntesis. Las cosas agregadas son las que el subconsciente ha engullido, las represiones, las frustraciones, los deseos no satisfechos, las agresiones, la violencia, todo lo primitivo. Ya en esa reestructuración se analizan situaciones. Puede seguirse entonces a Freud o a Fromm. A fin de cuentas esas situaciones son pantallas que encubren, son barreras que deben salvarse para ir a la raíz y liquidar todo residuo.
¿Cómo se llega a la locura, al inicio de la integración?
En general, toda experiencia con alucinógenos, puede determinar cuatro etapas previas a la síntesis, la que viene cuando se pasó la desintegración, la locura. Hay una primera etapa que no tiene aparentemente ni pena ni gloria. Es una etapa preparativa, que condiciona lo que va a venir. En esta etapa se tiene una actitud de expectación,  en saber qué va a pasar, es de suspenso. Está matizada por el contenido del miedo.  Puede haber manifestaciones psicosomáticas, náuseas, mareos. O bien una actitud en apariencia tranquila, de espera con cierta postura de introversión. Puede irse a otro extremo, el miedo provoca una alegría, una actitud simulada para ocultarlo, una pseudoeuforia. La segunda etapa es la alucinante, o alucinógena por excelencia. Es la etapa dionisiaca, placentera, de la evasión, de la fuga; donde el snob o el jipo fragua su fantasía. Todos los que llegamos a tener una experiencia muchas veces caímos en ella. El mismo Aldous Huxley cayó.
¿Las puertas de la percepción es una fantasía?
Sí, no profundizo más. Esta etapa es algo como lo que describe Homero del viaje de Odiseo, de su viaje en que hay sirenas, brujas y gigantes. Hay la circunstancia de que los navegantes se salen de la ruta que los lleva a su fin. El relato poético lleva un gran contenido existencial, es realista: el hombre se sale de su fin, de vivir, y se queda en su fantasía, en un cuento de hadas, ahí se pierde. Así es esto. Es muy platónico, muy socrático.
¿En esta segunda etapa del viaje surgen fenómenos parapsicológicos?
No, creo que se alcanza en la tercera etapa. Claro que se condiciona desde la primera etapa. Su seriedad, su situación honesta y profundidad se logra en ese borde, en esa frontera que hay entre la tercera y cuarta etapas. La segunda etapa, para mí, es la más peligrosa. Por desgracia es la etapa que no le dan importancia. Toda esa propaganda, todo ese manejo político o demagógico sobre el uso y abuso de drogas no la toma en cuenta, no la valoriza. Te repito, es la etapa más peligrosa porque es la etapa de la fantasía. El jipi o el snob, por un sentido especial que detecta el peligro, rara vez cae en la tercera etapa del viaje, y todavía muy rara vez cae en la cuarta. Se detiene en la segunda etapa, ya sea por lo que tú quieras, por un conocimiento intituitivo, por cierta sensibilidad que ya se maneja en esta segunda etapa, que le hace detectar los peligros de la tercera y la cuarta. Entonces se queda en esta etapa placentera, de dolce vita, en la fantasía, en la actitud infantil, en la irrealidad. Imagínate si en un momento dado la juventud maneja los alucinógenos, tiene experiencias con ellos, y claro, indiscutiblemente cae y se detiene en esta segunda etapa; entonces si tiene importancia la reflexología, ahí se condiciona una fantasía, se alimenta y fragua un aprendizaje en  su mantenimiento, al grado que la persona se sostenga, salve la frontera de la adolescencia y llega a adulto en una situación permanente de fantasía. ¿Qué será de la humanidad y del mundo? ¿No crees que esto es un peligro espantoso?
Si, la fantasía lleva al aislamiento.
Al aislamiento y a la violencia, a todo lo destructivo y negativo. Este es el peligro que me provoca pánico, y es al que no dan valor. De por sí el ser humano vive en una fantasía. Con todas esas estupideces de pseudo valores que ha establecido, tras los cuales nos ponemos a correr. Ya es fantasía. Y lo que ha prevalecido, su imperio, sus banderas del mercantilismo. Yo creo que es la fantasía máxima.
¿Más peligrosa que la jipi?
Ahí se van. Pero no sé, siento que la jipi es más peligrosa porque es pasiva. En la otra hay movimiento; equivocado, pero lo hay. El jipi no es dialéctico, niega la vida. Y la vida es movimiento.
¿Tiene la pasividad de Buda?
No, la de Buda no es pasividad. Es meditación. El jipi maneja esta terminología, esta juerga, para su autoengaño; maneja el concepto de Dios, del amor, pero son distorsiones. Maneja el término meditación, pero son distorsiones. Es lo contrario, el jipi está haciendo            una alegoría, una panegiria de los sentidos, y no propiamente de los sentidos, sino de sus residuos. ¿Qué son las alucinaciones en sí? Son el producto, los residuos que quedan de lo que se ha  registrado a través de los sentidos. Son espejismos; lo que vivió Ulises. Y ve un dios que no es Dios; que es el demonio, la fantasía, la negación del amor. No hay ser más o tan dependiente que el jipi. ¿Y qué es el ser dependiente? El que busca la posesión; y el que posee es poseído. El poseído es el poseso, el que antes llamaban el endemoniado; es el poseído por el diablo, es el diablo, la negación de Dios y del amor. El que es dependiente no ama. Ese es el demonio, la negación de Dios, del amor, de la realidad del hombre, de la energía, de la vida. Tú dale cualquier denominación a Dios; no tengamos esa actitud tan limitada del creyente.  Si quieres no digas Dios; di energía o di Universo o di amor, es lo mismo. Y mira, lo alucinante, lo dionisiaco es del diablo, es un placer externo. Tú no estableces alucinaciones de cosas que no has vivido, siempre las estableces de experiencias vividas. Por eso te digo: es el residuo que queda, de la experiencia de sentir,  con los sentidos. Aquí caemos en lo socrático. En un diálogo sobre el tema escrito por Platón, Sócrates asegura que el cuerpo físico es la cárcel del alma, la cual existía antes –por asociación, hoy por la genética maneja una teoría: que el alma se hereda en los genes- y aprisionada las únicas ventanillas que tiene son los sentidos. Pero éstos están desvirtuados porque son cómplices del cuerpo que impide ver su propia alma. Es algo enajenante. Y fíjate, es el mismo pensamiento socrático en relación con las alucinaciones, las fantasías, la enajenación por los sentidos. Se mezclan conceptos científicos, filosóficos, teológicos. Siguiendo adelante, después de esta etapa sigue la tercera, la analítica. En ella el consciente se abate y el subconsciente aflora. A diferencia de la hipnosis y del sueño, el consciente no queda eliminado. No pasa como en éstos, donde es amordazado, es metido en una mazmorra y el subconsciente se aprovecha. Lo mismo pasa bajo los efectos del alcohol. No, no, aquí el consciente queda bajo una camisa de fuerza, se le amarra, y está de observador, presente, consciente, porque tú recuerdas. Es una cosa extraña, es un fenómeno único, es una experiencia única; hay que vivirla para entenderla. Cosa curiosa, aquí el subconsciente y el consciente están al mismo nivel. El consciente es observador de cómo el subconsciente se maneja libremente. Y no puede intervenir, meter las manos. Tú obedeces órdenes exclusivas del subconsciente, dices las cosas que no quisieras decir y tienes actos que no quisieras tener, y estás consciente de todo, te das cuenta de todo. Emerge el subconsciente y esta etapa no es nada placentera, es de angustia, de debatimiento, de enfrentamiento contigo mismo. El peligro, claro, es el impacto que se desencadena, y viene el querer evadirse pero en forma autodestructiva o de autocastigo. El riesgo es el suicidio. Mira todas estas cosas. Si los jóvenes las conocieran e hicieran conscientes, si se dieran cuenta, si lo valorizaran no cometerían la estupidez de las autoexperiencias. No se expondrían a tentar contra su vida. Lo hacen porque esto aún no les ha sucedido, porque desconocen datos de gente que ya ha consumado el suicidio por las mismas causas. En esta etapa ven que el mundo es horrible, tan tremendo que prefieren no vivir. No, hombre, él es terrible, es su mundo interno. Por último viene la cuarta etapa del viaje, la locura; que desgraciadamente, digo desgraciadamente abusan de ella para querer asustar a los jóvenes que tienen autoexperiencias, y logran el efecto contrario, porque ellos se carcajean y ríen. Dicen: “que ignorantes son éstos”. Y es lo que con menos frecuencia sucede, quedarse en el viaje. Se corre el riesgo, sí. Y es otra cosa que debe enfatizarse al joven. Sí, es lejano ese peligro, pero existe, y tú puedes quedarte en el viaje, temporal o permanentemente. Y dentro de esa situación de que te quedes o no en el viaje, te expones a otro peligro: todo psicótico es un delincuente en potencia. Tú puedes destruir, puedes matar en una situación que establezcas sin querer. Estás distorsionando la realidad y por lo común caes en estados paranoicos, siente que te persiguen y en una actitud defensiva agredes y puedes matar. Ves un grupo de gente, o crees que una persona fragua algo contra ti. Por tu distorsión y para defenderte matas, cuando en realidad tu víctima ni siquiera te tomaba en cuenta.  No es sólo el hecho de que te quedes en el viaje; quedándote o no te expones a este otro peligro. Es más que suficiente para no tener autoexperiencias. Tú no sabes cuando caerás en estos peligros, y pocos saben la magnitud que tienen. Yo no he oído en ninguna conferencia, no he oído a ningún psiquiatra, psicoanalista o psicólogo que señalen estas cosas. Manejan otras que están tan jaladas de los cabellos, como la genética, la influencia de los alucinógenos en los cromosomas.  Falso, yo he preguntado a toda la gente que trabaja en esto en Europa y en Estados Unidos y no hay nada, ni van a encontrar nada. Ya es tiempo de que el hombre lo hubiera encontrado. Además, tenemos la observación de nuestros indígenas mazatecas, huicholes y de otros indígenas de Latinoamerica que consumen otros alucinógenos, de los indios del sur de Estados Unidos que han maneja toda su vida el peyote. ¡Qué tan torpemente está manejada la campaña contra los alucinógenos! La basan con querer  meter miedo con fantasmas. Y a quién va la propaganda solo se ríen y dicen con razón: “Qué ignorantes y tontos son éstos”. Y yo, realmente me solidarizo con los jóvenes. Me solidarizo con el jipi, porque están queriéndolo manejar con fantasías. Consciente o no consciente, tratan de manejarlo con mentiras.
Y con represión.
Sí, agrégale una situación represiva estúpida y torpemente manejada. Y es que en el fondo no hay sincerad ni honestidad en esta campaña. Lo que menos les importa es la campaña ni acabas con las drogas, sino la imbécil demagogia, demagogia nacional e internacional. Es darle circo al pueblo. Si no, ya hubieran terminado con la terrible mafia de traficantes de estas drogas nefastas, las heroicas –morfina, heroína, opio.
Alcohol
A eso suma el alcohol. Bueno, y otros aspectos terribles que no debían apoyar, como es la prostitución, que en si es destructiva y está enlazada con el tráfico de drogas, y los actos delictuosos. Falta honestidad. Pero esto si no lo puedes publicar.
Si usted quiere que se publique, sí.
Sí, claro.
Hay una cobardía profesional de psiquiatras, quienes no se han asomado al mundo real de los alucinógenos.
Pero si se espantan de que se quiera trabajar en el terreno científico con alucinógenos. También consciente o inconscientemente, intencionado o mal intencionado, propician leyes y medidas absurdas. Ponen fuera de la ley los hongos y hay una contradicción porque al mismo tiempo la cocaína la venden en las cárceles y el peyote en los mercados. Mira, es un mundo de contradicciones tremendas.
Doctor Roquet ¿a quién hay que apelar a la razón? ¿a los jóvenes o a las adultos?
A los únicos que viven la experiencia. A los jóvenes. Los únicos que tienen posibilidades. Los otros, en su desconocimiento e ignorancia bajan una cortina y no quieren escuchar, se encierran en sus ideas. Hay mejor respuesta en los jóvenes. Yo tengo esa experiencia personal. La prueba es que tantos jipis que se nos han acercado, con gran experiencia en el manejo de alucinógenos, aceptan, cambian y nos hacen caso. Yo procuro ser lo menos insincero. No se les está mintiendo. Sí, los alucinógenos son estupendos, indiscutiblemente. Pero el problema es cómo se están manejando. Todas las cosas en la vida tienen sus aspectos positivos y útiles, y los negativos. Todo es un cuchillo con dos filos. Lo mismo puede ser para elevarte que para darte en la torre. Todo puede servir de instrumento de destrucción, de efecto negativo. Al amor miso se le distorsiona, y es un arma nefasta, el trabajo también. Dios mismo. En nombre de Dios se establecieron las cruzadas, en su nombre se creó esa institución tan tremenda y terrible como fue la Santa Inquisición. Y se han hecho persecuciones religiosas y luchas o guerras religiosas, en que mahometanos han matado cristianos, y éstos, judíos., ¿ves? Pero eso no quiere decir que Dios sea nefasto y no exista; que el amor no exista, que sea negativo. O que el trabajo sea negativo. Es el mal uso que se le da. Lo que también sucede con la energía atómica; es el último ejemplo. Tan extraordinaria que es en el avance y la felicidad del hombre, y sin embargo, cómo se desvirtuó y distorsionó su uso llevándola a ser mensajera de la muerte. Claro, con los alucinógenos se espantan por fantasmas. Por principio, ni siquiera tienen idea de lo que constituye el verdadero peligro. A lo que menos valor le dan es a la fantasía.
Manejan mucho el término “escape de la realidad”

No tienen idea. No lo entienden. Es un maneja equivocado. Es la realidad en función con el sistema de vida que se está llevando. Esa es su realidad. Ahora, en el caso del uso de alucinógenos entre jóvenes, la interrogante importante no está en su consumo, sino en porque los buscan o usan. Una campaña, un programa debe ir a la causa, a la raíz. No como estos señores, que andan por las ramas y no se van a la raíz. Y ésta radica en una búsqueda de evasión. Los jóvenes buscan huir, evadirse de sí mismos. No enfrentan sus problematicas. Huyen de sí mismos, de su problemática existencial, del enfrentamiento a todas las situaciones de la vida. Se evaden, no se enfrentan al conflicto que ha determina su situación. Es una evasión de sí mismo, evasión que funciona por su falta de seguridad y confianza en sí mismo. Su falta de integración. Todo obedece a problemas de su personalidad, lo cual deriva de incapacidad de amar, de su inmadurez. Todo esto viene de la integración, de los simientes de su personalidad, de sus primeros años de vida, de sus primeras experiencias de interrelación con sus padres, los elementos que integran su familia, su hogar. Esto quiere decir que la familia anda mal. Si claro, la familia anda mal, no garantizan ninguna cosa favorable para la integración de la personalidad del niño. Al contrario, resulta defectuosa, muy disolvente. La familia no reúne las condiciones para iniciar su capacidad de amar. Por otro lado, la educación que trasciende de la familia, que corresponde a la escuela, tampoco se realiza. No toman en cuenta la capacidad de amar, sólo el desarrollo del intelecto. Se desconoce, no se toma en cuenta, se margina el amor. Crean piezas para una gran maquinaria que es la sociedad, la misma que da origen y forma la personalidad. Porque si el individuo no vive  en sociedad, no integraría su personalidad. Por los intereses en que funciona la sociedad, crea personalidades defectuosas, enfermas. Bueno, para un programa contra drogas, tendría que irse a estas cosas. El programa debe tener dos posturas: una preventiva y otra curativa para aquellos que viven  el problema. ¿Cómo? A través de una orientación correcta, de divulgación de verdaderos conocimientos de estas cosas. Y buscar los medios para corregir o reorientar las personalidades defectuosas, a través de distintas terapias hasta desarrollar su capacidad de amor que está anquilosada. En la etapa preventiva hay que ir a los niños,  con nuevos programas de educación, hacer un intento en la reestructuración de la personalidad de los adultos, sobre todo de los padres. Precisando más, se requieren escuelas de padres, y en los niños escuelas realmente, pero realmente activos, de tipo integral, variando los conceptos que existen, considerando que el ser humano ni es sólo cuerpo ni sólo mente. Es una conjunción de los dos y hay que atenderlos de manera integral. Variar también el concepto que se tiene sobre instinto, que es tan equivocado, que lo asocian y lo relacionan con la moral. ¿Pero qué tiene que ver instinto con moral? Nada. Ves, eso sería ideal. En pocas palabras, considero que el joven de esta época es valiente, a diferencias de nuestras generaciones. Nosotros fuimos unos cobardes. En primer lugar, porque muchos hicimos consciente la situación que vivíamos, pero callamos, no protestamos. En cambio el joven actual sí ha protestado, mas esto lo ha manejado en actitudes equivocadas de rebeldía y con esto no se resuelve nada, al contrario fomenta el problema que vive y que en él es más intenso. El observa esto, la inmadurez de la sociedad, su enfermedad, su reino e imperio de violencia, de ausencia de respeto y de valores verdaderos, universales. Pero no va más allá. Por consiguiente hay una ausencia absoluta de la libertad, porque el occidental debe empezar por establecerse internamente. Si no hay esa libertad interna en el individuo no se puede lograr la otra libertad.



Extracto Entrevista a Salvador Roquet por Alfonso Perabeles
Revista Piedra Rodante, México, Noviembre 15, 1971

lunes, 17 de marzo de 2014

Los malos viajes pueden ser los mejores viajes.

Traducción al castellano de un artículo de Walter H. Clark, originalmente apareció en la revista estadounidense  FATE, en 1976.

Los malos viajes pueden ser los mejores viajes.

Una mezcla única del análisis Freudiano y el chamanismo mexicano podría ser  un adelanto muy importante para la psicoterapia.

Casi un siglo ha pasado desde que Sigmund Freud revolucionó nuestro entendimiento de la enfermedad mental y su tratamiento. Muchos pensadores importantes –como Carl Jung- fueron considerablemente más lejos que Freud en penetrar en las profundidades de la psique humana. Pero ninguna de las innumerables técnicas en psicoterapia realizadas durante décadas de investigación ha tenido completamente éxito en satisfacer sus promesas teóricas en términos de resultados prácticos.  La psicoterapia para la mayoría de la gente permanece como una práctica dudosa, arriesgada y cara.
Un médico mexicano ha desarrollado una técnica que se aproxima al cumplimiento de su promesa  más que cualquiera otra con las que estoy familiarizado. Combina varias formas de terapia Occidental con la sabiduría de los chamanes mexicanos.  Estos enfoques han sido unidos magistralmente por el genio del Dr. Salvador Roquet, un eminente médico mexicano que tiene entre sus logros haber ayudado a eliminar la fiebre amarilla de territorio mexicano.  Las responsabilidades del Dr. Roquet lo llevaron a tener contacto con los indígenas mexicanos  y consecuentemente con su inusual manera de curación, incluyendo el uso de plantas alucinógenas para buscar en el alma y sanar la mente.

Cuando el Dr. Roquet escuchó sobre mi interés de utilizar drogas psicodélicas para prisioneros en rehabilitación, me invitó a la Ciudad de México y así aprender su técnica. En 1974, visité el Instituto de Psicosíntesis  Robert S. Hartman, como llama a su clínica en Ciudad de México. El instituto es una de las  tres ramas de la Asociación Albert Schweitzer; las otras se componen de una campaña médica para los indígenas y una escuela basada en las percepciones psicológicas descubiertas por el Dr. Roquet en su trabajo psiquiátrico. El Dr. Roquet me persuadió de que la mejor manera de observar su técnica era tomando parte en la sesión.

Me reporté en el Instituto a las 10:00 PM , una noche de febrero, junto a otros pacientes. Nos dieron un test psicológico llamado  “Test de valores Hartman”. Después de eso, nos reunieron en un cuarto adyacente para ponernos al tanto. Como no sé español me sentí un poco aislado hasta que uno de los participantes me preguntó en inglés si quería decir algo sobre mí. Él traducía mis palabras para los demás y me sentí  más cómodo, más como un miembro más del grupo.  Eventualmente llegamos a ser veinticinco.
Entre medianoche y la una de la mañana nos llevaron a un cuarto no más grande de 30 por 40 pies. Cerca de 1,000 pies cuadrados habían sido reservados como área de tratamiento para los pacientes.  Durante las siguientes veinte horas más o menos ninguno de los pacientes tenía permitido salir del área de tratamiento excepto para ir al baño  contiguo. Un espacio de aproximadamente entre 10 por 30 pies  asignado para el personal médico y el equipo electrónico estaba divido del área del tratamiento por una mesa desde donde observaban sentados el Dr. Roquet, su personal y algunos invitados. Las paredes habían sido decoradas con pinturas bizarras creadas por los pacientes y retratos de Freud, Gandhi y el presidente chileno Salvador Allende. Un crucifijo colgaba de una pared.

Después de un tiempo de ejercicios estilo yoga, cada uno de nosotros tuvimos que seleccionar un pequeño catre que sería nuestra base para el período de tratamiento.  Los pacientes se acostaron mientras se escuchaba música tranquila. Al poco tiempo, las luces fueron apagadas y una serie de películas fueron exhibidas. Había escenas de violencia, muerte y pornografía explícita, aparentemente diseñadas para impresionar y alterar las sensibilidades del paciente promedio, aunque otras escenas mostraban la belleza de la naturaleza, el amor, cariño y otras que hacían un conjunto representando todas las emociones del ser humano.  En otras partes del cuarto se proyectaban sobre las paredes fotos con temas similares. Mientras el show continuaba la música subía de volumen gradualmente. Los pacientes podían ver las escenas o no según quisieran pero era difícil ignorarlas debido al sonido. El personal impedía que nos quedáramos dormidos.    
Durante este tiempo cada paciente fue llamado a la mesa, pesado y examinado por un médico. El médico me revisó y concluyó que mi corazón era lo suficientemente fuerte para el tratamiento pero no se debía de abusar. La altitud de la Ciudad  de México me había traído de regreso una irregularidad que había tenido bajo control desde que dejé Estados Unidos. Esto, acentuado con varias escenas del video,  ayudó a convertir mis pensamientos en relación a la muerte y problemas asociados.  Los demás pacientes parecían igualmente alterados.

Cerca de las cuatro o cinco de la mañana, el personal comenzó a administrar las drogas o plantas psicodélicas, cada droga y dosis variaba según el paciente. (Me habían quitado mi reloj y mi sentido del tiempo estaba desorientado) Llegó mi turno aproximadamente  a las seis de la mañana según mi juicio. Recibí 250 microgramos de LSD. Después de que todas las dosis fueron administradas, la sobrecarga emocional llegó a su clímax. La música cacofónica y la alternancia de luces con oscuridad absoluta marcada con extraños efectos de luces neón crearon una atmosfera muy extraña.
Para esta hora el cuarto comenzaba a parecerse a un manicomio del siglo dieciocho. Muchos de nosotros llorábamos, otros se tiraban al piso y gritaban con angustia, otros vomitaban, otros miraban al vacío e incluso algunos hacían movimientos hostiles hacia el equipo electrónico. En ocasiones tenía miedo de que algún paciente pudiera atacar al Dr. Roquet mientras él miraba sentado sin inmutarse los efectos que habían sido responsables de esta violencia y alboroto.

De pronto fui poseído por una idea confusa de que las personas con batas blancas eran torturadores de la Inquisición, contratados para volverme loco. Todos se veían tan tranquilos con la confusión que habían creado que caminé hasta la mesa y les denuncié violentamente por su engreimiento, un acto nada característico en mi estado mental normal.  Con rápida alternancia entre las preocupaciones acerca de una muerte próxima,  remordimiento que me asalta cada vez que experimento con psicodélicos, y la angustia de muchas cosas que había tenido la intención de hacer, pero había dejado de hacer, la experiencia puede ser descrita como un descenso al infierno.  Difícilmente podía distinguir lo que era externo de lo interior.
Casi al final de esta parte del tratamiento, la música y los estímulos sensoriales fueron moderados a un volumen más bajo o apagados del todo y las luces fueron encendidas. Remitiéndose a algunos apuntes individuales cuando era necesario, el Dr. Roquet llamó a algunos pacientes a la mesa y les interrogó sobre sus problemas y experiencias mientras el resto escuchábamos. Traductores interpretaban en varios lenguajes para los demás pacientes.  A algunos pacientes se les pedía que leyeran un pasaje corto apropiado a sus problemas, tal vez algo de ellos mismos o quizás algo seleccionado por los médicos, a menudo lo hacían con expresiones de angustia.  Una joven muchacha leyó un pasaje de Madame Bovary de Flaubert, que la llevó a identificarse dolorosamente con el personaje de Emma de la novela.

Durante esta parte del tratamiento algunos pacientes recibieron una inyección de ketamina, una nueva y poderosa droga psicodélica usada por el Dr. Roquet. Los efectos variaban con cada persona pero a menudo producía una reacción violenta. Un joven que recibió una de las inyecciones se encontraba platicando cuando de pronto se tiró al piso mostrando angustia y terror, vomitando y moviéndose de un lado a otro, atormentado.

En este punto, dos miembros del personal llegaron con bolsas para vomitar y servilletas mostrando infinita gentileza y compasión.  Esta escena me impactó con mucha fuerza, pues tenía la convicción de que los del personal eran nuestros atormentadores. Me di cuenta de que todo el calvario había sido fabricado para el beneficio de los pacientes y que lo que había parecido como el infierno realmente había sido un paraíso. Esta percepción llamó mi atención hacia los aspectos buenos del tratamiento y me ayudó a volver poco a poco a la normalidad.

Después de una hora más o menos, esta parte del tratamiento llegó a su final, música tranquila fue encendida, las luces se apagaron de nuevo y nos invitaron a descansar por varias horas. Al final, las ventanas estaban abiertas completamente, dejando entrar la luz del sol. No se nos permitió dejar el cuarto pero se nos invitó a expresarnos, bailando si así lo deseábamos. Para este momento sentía  mucha ternura hacia mis compañeros y me encontraba agradecido con el personal. Ya que no podía comunicarme en su lenguaje, expresé mis sentimientos con un baile improvisado.

Después del período de descanso, algunos pacientes fueron atendidos. El personal repartió a cada paciente fotografías de su archivo –usualmente fotos familiares, fotos del propio paciente a varias edades o fotos con amigos o parejas. Estas provocaban en ocasiones  escenas muy emocionales.  Pero al final de la tarde, algunas veinte horas después de que había llegado al Instituto, todos habíamos regresado  a nuestro estado normal de conciencia. Para este tiempo, algunos familiares comenzaron a llegar por los pacientes y sentí gran consuelo al ver a mi esposa. Cerca de las nueve, tuvimos la ceremonia final; una rosa fue entregada a cada paciente. En mis tres semanas en Ciudad de México cada paciente que vi, ya sea como observador o como participante, había regresado a su estado normal de conciencia al final del tratamiento.

Algunos días después algunos pacientes de mi grupo se volvieron a reunir para terapia grupal de cinco horas o terapia individual en sesiones privadas de menor duración. Cada paciente escribía sobre la importancia de la sesión, el impacto que tuvo en su vida. Estás sesiones continuaron hasta que el personal del doctor decidía que el paciente tenía mejoras. La mejoría era medida por el test Hartman y también por las impresiones clínicas de los médicos.

Como yo no era estrictamente un paciente y como mi estadía en México era corta, no participé en las demás sesiones, pero si participé en una segunda sesión a las dos semanas después de mi primer sesión.
Esperaba tomar ketamina en mi segunda sesión pero la irregularidad en mi corazón persistió y los médicos juzgaron que era mejor no hacerlo. Esta decisión de nuevo me trajo pensamientos sobre el tema de la muerte. En mi segunda sesión había solo diez pacientes, un número más manejable pero suficiente para que la interacción entre paciente fuera valiosa. El procedimiento fue similar al primero excepto que en esta ocasión tomé hongos psilocibe, enviados por Maria Sabina, una curandera de Huautla.

En esta ocasión experimenté de nuevo una muerte psicodélica, pero en lugar de un descenso al infierno, la experiencia tuvo un carácter casi festivo aunque de fondo un poco de solemnidad debido al Requiem de Brahms. No solo tuve deliciosos y poderosos pensamientos sobre mi propia vida pero pude ver aspectos cómicos sobre mi muerte, lo que me causó refrescantes risas. También me di cuenta como la cacofonía y los estímulos sensoriales fueron diseñado para “sacarte de tus casillas”, y que tenían un paralelo en la sociedad, en donde la perfectamente posibilidad de muerte es transformado en un evento temeroso en la mente de cualquier persona.

Esta sesión fue la más enriquecedora de mis 10 o 15 experiencias con psicodélicos. Fue la primera experiencia en la que la culpa no tomó parte. No le doy crédito a la euforia de los hongos, creo que fue más importante mi previo descenso al infierno.

La efectividad de la  técnica del Dr. Roquet es evidente en mi estado mental después de las experiencias. Cerca de dos años después, mi vida ha tenido cambios positivos, más que nunca. Mi apreciación hacia la música, por ejemplo, creció a un grado casi de adicción y otros aspectos de mi vida se han visto similarmente enriquecidos.

¿Cuáles son las implicaciones de la técnica del Dr. Roquet en el campo de la salud mental? Basado en mis tres semanas de intensivo envolvimiento con este programa, siento que lo que un psicoanalista promedio puede lograr en cinco o seis años, el Dr Roquet lo puede hacer en sólo algunos meses y al menor costo. Dr. Roquet ha llevado a la psiquiatría al siglo XX. Sin duda algún día sus métodos serán mejorados pero no hay duda que serán vistos como un inicio en el progreso de la psiquiatría.

En mi investigación sobre psicodélicos me di cuenta que regularmente los malos viajes son los mejores viajes, especialmente cuando son manejados apropiadamente.  El Dr. Roquet deliberadamente te crea un mal viaje para llevar al paciente a sus peores miedos, aunque este signifique, y usualmente así es, una visita a la locura. Por esta razón, el Dr. Roquet se refiere a esta técnica como “psicodisléptica”, lo que significa “perturbar temporalmente las funciones mentales”. El propósito principal de esta técnica es agobiar las defensas que regularmente hacen vulnerables para los médicos a los pacientes con neurosis o psicosis. Muchos psiquiatras convencionales pueden argumentar que estos métodos violentos pueden dañar la psique. Los exitosos resultados de cerca 3,000 pacientes tratados en el Instituto obviamente es la mejor respuesta para tales objeciones.

¿Qué tan importantes son las drogas en este tratamiento? El Dr Roquet dice que sólo constituyen un 10% del tratamiento completo. Estoy de acuerdo pero también creo que es un 10% muy importante. Las drogas parecen multiplicar la concentración de la experiencia y permiten penetrar en niveles del subconsciente que permanecen cubiertos en la psicoterapia ordinaria.

Entre otras cosas, lo más importante en esta técnica son las relaciones interpersonales. La actitud pacífica del personal en todo momento asegura al paciente que el Dr.Roquet y su personal está completamente en control de la situación, en todo momento. Más importante, es la actitud de compasión en la última fase de la terapia, que actúa como una influencia vital sanadora. También es importante la interacción entre pacientes –incluyendo la ayuda de poder tocar y darte cuenta que tu propia angustia es compartida con otros pacientes en el salón.


El Dr. Roquet ha desarrollado una compleja teoría que sustenta su terapia pero es muy compleja para presentarla aquí. Sin duda el Dr. Roquet eventualmente hablará por sí mismo en alguna traducción al inglés.  Yo creo que con el tiempo la contribución del Dr. Roquet a la psicoterapia será reconocida e igualada a aquella de Sigmund Freud.

sábado, 15 de marzo de 2014

Papaver Somniferum

Traducción al castellano del capítulo sobre la Papaver Somniferum del maravilloso libro de Dale Pendell, Pharmako/Poeia.


PAPAVER SOMNIFERUM

Nombre común:
Adormidera, opio.

Otras especies:
Papaver setigerum, Papaver bracteatum, Papaver orientate, Papaver pseudo-orientale, Papaver rhoeus, y noventa otras especies de Papaver. También Eschscholtzia califórnica, Argemone glauca y Argemone mexicana.

Parte usada:
El látex rico en alcaloides es la fuente del opio. Las nutritivas semillas son importantes como cultivo para alimento y como fuente de aceite. Las hojas tempranas pueden ser consumidas como condimento.
Hay pequeños trazos de morfina en toda la planta, posiblemente solo exceptuando las semillas, pero es solamente en los lactíferos en las capsulas de las semillas donde el alcaloide es producido en grandes cantidades.

Efectos:
En pequeñas cantidades estimula la mente, aumenta las pasiones, y tonifica el cuerpo: las altas resultan en intoxicación, languidez, estupor y muerte.
-          Erasmus Darwin, The Loves of the Plants.

El opio expande el espacio infinito.          
-          Charles Baudelaire, Artificial Paradise

Taxonomía:
Familia Papaveracea. Papaver somniferum es una planta domesticada por el ser humano, pertenece al selecto grupo de plantas que lo han acompañado desde tiempos remotos.  Aunque algunas poblaciones pueden sobrevivir en ambientes favorables, Papaver somniferum no se ha encontrado en verdadero estado salvaje.

Los orígenes de la adormidera  siguen siendo investigados. Muchos estudiosos creen que Papaver setigerum, puede ser su ancestro o que las dos especies comparten un mismo ancestro. Otros paleo botanistas están en desacuerdo, apuntado que la Papaver somniferum es diploide, mientras setigerum es usualmente tetraploide.

De las muchas especies de adormidera, Papaver somniferum y Papaver setigerum son las únicas dos que contienen morfina en cantidades significantes. Varios investigadores han reportado morfina y alcaloides similares en Papaver rhoeus, Eschscholtzla mexicana, Argemone mexicana, e incluso en la planta Humulus lupulus, pero las conclusiones son dudosas.

Farmacognosia:
En 1803 un químico alemán llamado Friedrich Sertürner, trabajando con opio, aisló una substancia que reaccionaba químicamente como una base. Por esta razón la llamó alcaloide. El primer alcaloide descubierto en la historia. Sertürner descubrió que este alcaloide era altamente narcótico y pronto concluyó que esta era la sustancia activa del opio. La llamó como Morpheus, el dios de los sueños.  El descubrimiento de la morfina fue análoga al descubrimiento del alcohol en el vino: un poder dentro de otro poder, y también tuvo sus consecuencias sociales, aunque en menor medida.

Desde el descubrimiento de Sertürner, más de cuarenta alcaloides se han identificado en la adormidera. Los alcaloides del opio se separan en ocho grupos principales, representados por bencilisoquinolina, hidrofenantreno, protopina, ftalido-isoquinolina, protoberbarina, aporfina, benzofenantridina y papaverubina. De estos, el grupo fenantreno, incluyendo morfina, codeína y tebaína, y el grupo isoquinolino, incluyendo la narcotina y la papaverina, son los más importantes.

Como tomarlo:
Como píldoras; fumado, tomado o como supositorio – al opio se le añaden una gran cantidad de mezclas.

La forma más simple de consumir opio y quizás la más antigua es mekonium, una infusión de cápsulas de adormidera, cortadas y en agua. Los griegos  tomaban mekonium, o en ocasiones mekonium mezclado con vino. La fórmula farmacéutica Vinum Opii es opio en vino saborizado con canela y trébol.

Un trabajador  social llamada Erick Detzer que fue adicto al opio durante muchos años,  solía poner de seis a doce cabezas de adormidera en un procesador de comida, agregaba una taza de agua caliente y revolvía. Se formaba un jugo lechoso de color verde que filtraba con un colador y lo bebía. Agregando algo de jugo de limón ayuda a la extracción y al sabor.

Existe evidencia de que el opio fue fumado por la civilización minoica, en Creta.  Pero después de 1500 BC, el arte de fumar opio desapareció por tres milenios hasta que fue redescubierto por los chinos en la era moderna, con el aliento de los ingleses, que trataron de crear un gran negocio a su costa. El opio es fumado con una pipa especial que facilita su vaporización sin quemarlo del todo.

un olor característico – rancio
débilmente dulce y casi nutritivo –
   de olor espeso, no terrenal,
pero subterráneo, no es desagradable
pero es el olor de algo
  que vivió y murió profundo en la oscuridad:
el olor de la comida que la muerte come.
Pero es una muerte amistosa.

Hay cinco tipos de opio comercial. El primero es el opio farmacéutico. El opio farmacéutico es opio crudo, recolectado con la intención de ser usado para la manufactura de opio medicinal.  Necesita tener solamente un porcentaje de morfina entre 8 y 10 por ciento. El segundo tipo de opio comercial es el opio industrial, que es usado para su extracción de los diferentes principales alcaloides: morfina, narcotina y papaverina. Para este tipo de opio se necesita la mayor concentración de morfina posible.

El tercer tipo de opio comercial es el opio preparado, el opio usado para fumar.  En India se le llama chandu. El chandu es preparado de diferentes formas, algunas de ellas muy complejas y que requieren experiencia.  El opio crudo es disuelto en agua hirviendo, después filtrado y concentrado. El concentrado es después rostizado a fuego bajo, que le da un aroma característico.  El comprimido de opio quebradizo es extraído con agua, agua fría primero y una segunda vez con agua caliente.  La extracción con agua fría es la mejor.  El extracto es concentrado hasta que el contenido de agua alcanza entre el 23 y 26 porciento. Algunas veces se le añade azúcar u otras sustancias aromáticas.  También,  y esto es punto de debate entre fumadores de opio,  se le puede añadir ceniza. Ceniza de las pipas de opio, además de contener aún una buena cantidad de morfina, también contiene productos secundarios que dicen contribuyen al efecto narcótico del opio fumado.  No todos los fumadores de opio aprecian ese efecto.


El último paso en hacer chandu es empacarlo en jarrones de cerámica y dejarlo “fermentar” durante cuatro a seis meses.  Este tiempo es perfecto para el aroma y el sabor del producto. El mejor chandu puede contener  un porcentaje de morfina de entre 10 al 13 por ciento, mientras que el chandu común sólo entre 7 y 8 por ciento.

Los últimos dos tipos de opio comercial son los opios usados para comidas. Este opio es muy poco procesado y básicamente se usa el opio crudo.

Charbughra es una mezcla de vino, hachís y opio,  acompañado con un té de jengibre-pimiento estilo chai…  Ahora,  ¿alguien que añada un poco de coca tal vez, solamente para que nadie se sienta excluido?

Las preparaciones de opio medicinal incluyen Opium Pulveratum, opio en polvo; Opii Deodorati, opio desodorizado; Pilula Opii, una píldora de opio; Extractutn Opii, extracto de opio; Pulvis Ipecacuanhae et Opii, Dover’s powder; Tinctura Opii, láudano; Tinctura Opii Camphorata, paregórico; entre otros.

El láudano es una tintura alcohólica desodorizada con la narcotina previamente removida, y fue muy popular en el siglo diecinueve, especialmente entre las mujeres. Tomar láudano era más aceptable para las mujeres que tomar alcohol. El paregórico era láudano mezclado con alcanfor, glicerina y anís, y era común dárselo a los niños. (Alguien llamó alguna vez a la absenta, paregórico para adultos). Muchas patentes medicinales contenían opio.

Las sales son extraídas y usadas extensivamente: morfina, codeína y un gran número de derivados sintéticos y semisintéticos.

La heroína, clorhidrato de diacetilmorfina, es otro derivado del opio, pero ya no es usado en Estados Unidos debido a su abuso.

Efectos:
Calidez. Bienestar.    Desenfado.  Sociabilidad.  Ensoñación.

A veces, o quizás:
               Nausea.  Pesadillas.  Soledad.
               Pero eso llega después.

Farmacología:
Muchos de los alcaloides presentes en el opio tienen efectos opuestos, y el efecto de ellos juntos es diferente de, digamos, la morfina aislada. Los alcaloides principales son morfina, 8-14 por ciento; codeína, 2-3 por ciento; narcotina, 5-8 por ciento; papaverina, 05-2.4 por ciento;  y tebaína, 1-2 por ciento. La tebaína es un convulsivo parecido a la estricnina, estimula los músculos lisos.  Su presencia en el opio tiende a contrarrestar la de la morfina –la depresión del sistema nervioso – causa común de muerte en sobredosis de morfina o heroína. La tebaína es un precursor en la síntesis química de la codeína. Las fuerzas antidroga están tratando de substituir Papaver bracteatum por Papaver somniferum como fuente de opiáceos, ya que la Papaver bracteatum no contiene morfina, más si tebaína.  La tebaína producida por los granjeros sería vendida a la industria farmacéutica para ser convertida en codeína químicamente.

La morfina aún tiene sus usos, incluso en los Estados Unidos. Es considerada esencial como medicamento para la enfermedad por radiación, y se alegaba que era producto esencial de contingencia para una posible guerra fría.

               Morfina, la amiga del soldado.

El opio es la medicina arquetípica, y la morfina su esencia. La morfina es el analgésico natural más poderoso en el mundo, y los analgésicos sintéticos usan el opio como precursor. La morfina estimula la médula espinal e incrementa el tono de los músculos involuntarios, como el esfínter. Es el único remedio conocido para el catarro común. En cantidades altas causa sueño.

Sueño claro. Duermevela.
Los lugares del sueño con la suficiente conciencia
para disfrutarlos.

La codeína es similar en su acción a la morfina, aunque menos estimulante y menos eufórica. Es un gran antitusivo, deprime el centro tusígeno tan eficaz como la morfina sin el efecto que ésta produce en el resto del sistema nervioso. Casi toda la morfina cultivada en los campos de adormidera es convertida a codeína. El proceso inverso es mucho más complicado.

La narcotina, como la tebaína, acentúa la respiración. Es también un analgésico menor y estimula la médula espinal. Es usado medicinalmente para el enfisema. La papaverina, presente en la adormidera en bajas cantidades es un antiespasmódico, relajante muscular, y un vasodilatador. Por estas propiedades ha sido usado para tratar la impotencia mediante inyecciones directas en el pene. Es la relajación en los músculos la que causa la erección, reacción mediada por iones de oxido nítrico. Mi recomendación es papaverina mezclada con un poco de escopolamina, en aceite aplicado tópicamente.

El estudio del opio llevó al descubrimiento del primero alcaloide. Así mismo, el estudio de la morfina, llevó al descubrimiento de los analgésicos propios del cerebro, las endorfinas, quizás el avance más importante en neuroquímica de la primera mitad del siglo pasado.

La planta:
Sopha'd on silk, amid her charm built towers,
Her meads of asphodel, and amaranth bowers,
Where Sleep and Silence guard the soft abodes,
In sullen apathy Papaver nods . . .
- Erasmus Darwin, The Loves of the Plants

Somnus es el nombre romano de Hypnos, la personificación del sueño. Nyx, la diosa de la noche, lleva cabezas de adormidera en su mano, mientras su hijo, Thanatos, la muerte, viste una guirnalda de flores de adormidera.

pétalos de lavanda, pétalos rojos,
   pétalos con una mancha negra
cercana a sus garras.

La adormidera es una planta anual. Hay especies enanas, pero comúnmente las adormideras crecen cuatro pies de altura, con ocho a nueve flores. Hay adormideras rojas, blancas, lavanda y multicolor. Son hermosas plantas ornamentales, además de su evocación del misterio.  Los brotes cuelgan hasta que están listos para abrirse, los tallos se doblan sobre el ápice.  Según el brote se abre, el tallo se endereza  y se mantiene erecto. Los pétalos purpuras, presionados hacia arriba por el bulto expandido de la cápsula, los tira presionándolos y desdoblándolos.

    es como un glande
emergiendo desde el prepucio.

Los pétalos son suaves y de fina textura. El ovario está rodeado de estambres, coronado por un estigma antipático.

  una mujer, muchos esposos

El número de rayos estigmáticos es importante taxonómicamente, y también es un indicador de la cantidad de látex.

El aliado:
El aliado opio habla, cuando acaso lo hace, mediante los sueños. Hay claramente una conexión entre la importancia que los poetas románticos ponen a los sueños, y su fascinación por el opio, aunque no es claro que llegó primero. En tiempos antiguos, el enfermo, visitaba El Templo de Asclepius, donde le daban extractos de cabeza de adormidera para este propósito – ellos recibirían un sueño reparador, un sueño que revelara la causa de su enfermedad.

       pero puedes  tener un sueño tras otro,
             hasta que empiezas soñando el olvido de los sueños,
            hasta que el sueño y el olvido
                       se convierten en uno.

El truco está en dominar el cuestionamiento no distintivo: ser capaz de poner la pregunta deseada a la cabeza de la fila sin perturbar la corriente de imágenes. El aliado responde creando una representación pictórica de la pregunta. Si recibes una respuesta  útil – algo penetrante que tenga sentido- el siguiente problema es recordarlo, ser capaz de regresar con la imagen al estado de conciencia normal.

Historia:
Antigua, de hecho. La adormidera era recogida y tal vez cultivada, por los habitantes de una población lacustre en Europa en el neolítico. La adormidera parece que fue movida de Europa al Mediterráneo durante los últimos años del neolítico, siguiendo las rutas del ámbar y la hojalata desde Lituania a Suiza sur, pasando a través de los Alpes. Durante la Era de Bronce y la Era de Hierro, la adormidera se hizo hogareña en el mundo antiguo, como comida y como medicina. Hay evidencia de que la población de Sumeria llamaba a la adormidera, hul-gil, “la planta de la felicidad”, aunque su autenticidad sigue en disputa. Por tiempos clásicos, la adormidera  era parte de los misterios en el Eleusis.

Una estatua de Asclepius lo muestra cargando cápsulas de adormidera en una de sus manos.  La adormidera aparece en la parte de atrás de muchas monedas antiguas, romanas y judías. Isis en ocasiones aparece cargando adormidera. Demeter bebió opio para olvidar su sufrimiento, y la adormidera es parte de su culto.

  pan y adormidera

Helena aprendió el secreto del nepente de los egipcios. Thebes, en particular fue famoso por sus campos de adormidera. El nepente fue probablemente una mezcla, quizás mekonium en vino, con mandrágora y beleño.

En la Edad Media, el opio llegó a Europa, como hicieron las enseñanzas griegas, a través de los árabes. Los médicos judíos comerciaban con los árabes y traducían sus libros. Pero con la Peste Negra en el siglo catorce, el opio desapareció. Quizás, siendo una medicina oriental, se sospechaba de ella, siendo que la plaga llegó del oriente. Fue Paracelso, quien siglos después, reintrodujo el opio a Europa. Paracelso creía que el láudano era superior a todas las medicinas para protegerse de la muerte, y se dice que hizo uso común de esta medicina él mismo.

Aunque el opio es comúnmente asociado con China, la adormidera era desconocida ahí hasta el Tang. En el Sung, el poeta Su Tung-Po elogió sus propiedades medicinales como una cura para la diarrea y los resfriados. La adormidera fue cultivada en China principalmente de manera ornamental hasta el siglo diecinueve, cuando los británicos, en un esfuerzo por corregir el desbalance comercial, comenzaron a importar grandes cantidades a China desde la India. Como el uso recreacional del opio iba en contra de las sensibilidades chinas, el gobierno trató de frenar el flujo de la droga en el país. Los británicos respondieron a este combate con fuerza,  y los conflictos resultantes fueron llamados Las Guerras del Opio.
   
Poesis:
A las adormideras les gusta el suelo rico en nutrientes, debe ser bien cultivada, y no es necesario cultivarlas muy hondo. Les gusta mucho el sol, pero no el calor. No les gusta las nubes o la niebla. Las montañas son ideales. Necesitan agua cuando germinan y crecen, menos cuando florecen y poco o casi nada cuando las cápsulas maduran. Los climas mediterráneos las hacen sentir como en casa.

Alejado en el jardín florece el sueño feroz.
-          Rainer Maria Rilke

Las plantas comienzan a florecer en aproximadamente tres meses. Hay adormideras de muchos colores, a pesar de la creencia popular de que el verdadero opio crece en las de flores blancas. Las adormideras de flores rojas son espectaculares, y hay una color lavanda que es exquisitamente hermosa. Las flores son efímeras,

son estudios en impermanencia.

los pétalos se caen un día o dos después de su salida.

en si misma un estudio de metamorfosis, como la mariposa
saliendo de su crisálida,
    y dejando sus alas secando al sol.

Los pétalos caídos son perfectamente comestibles y son una hermosa adición para cualquier ensalada. Después de que los pétalos se caen, la cápsula crece rápidamente durante muchos días y después maduran por otras semanas. Cerca de dos semanas después de comer esa ensalada de pétalos, si vives en algún lugar del mundo donde el Estado no ha asumido una gobernabilidad para tus tentaciones espirituales, estarás listo para cosechar.

Se han hecho muchos estudios para determinar el tiempo óptimo para cortar las cápsulas. Un panfleto que vi indicaba que las capsulas se deben cortar solo a los cinco días después de que han caído los pétalos, pero los estudios científicos no están de acuerdo. Aunque el látex debe estar lo suficientemente espeso para ser cortado en ese punto, el contenido de morfina no ha llegado a su potencial máximo hasta los catorce días después de que los pétalos han caído. Además, un estudio agronómico hindú mostró que la cantidad de morfina no se degrada con el tiempo, como anteriormente se creía. De hecho, cabezas de adormidera secas siguen siendo ricas en morfina, codeína, narcotina, papaverina, tebaína y el resto.

Ha sido demostrado que cuando el látex es expuesto a la luz y al aire, algo de la morfina se degrada en codeína. El científico VS. Ramanathan (1980) sugirió que el látex fuera esprayado con una solución antioxidante y ácido ascórbico o que el látex fuera recolectado inmediatamente en lugar de dejarlo secar y endurecerse, como se hace tradicionalmente.

Leí sobre un cultivador de adormidera que le gustaba lamer el látex directamente de las cápsulas. Y esta imagen se ha quedado conmigo: un hombre parecido al de la pintura Nebuchadnezzar de Blake, sobre sus rodillas y manos, lamiendo cápsulas de adormidera, un par de gatos de pelo largo, sus colas enrolladas, sentados en el suelo, observando…

Cortar una cápsula de adormidera es entrar en tiempos míticos, compartir una tradición que permanece intacta desde prehistoria y dejarla entrar de nuevo en la historia, en el momento actual del milenio.

Es generalmente aceptado que es importante recolectar el látex antes de las 8:00 AM. Usualmente las cápsulas son cortadas por la tarde y recogidas la mañana siguiente.  El látex que es blanco cuando aparece, se seca y oscurece rápidamente. Es recolectado raspándolo de la cápsula con una navaja o algún material similar.

Tienes que raspar un montón de cápsulas
    para obtener solo un poco de opio.




El aliado:
        Más como un fantasma de pelo blanco,
medio hombre, medio fantasma
persistente
       en el crepúsculo del deseo.

Lo que el alcohol fue para la literatura del siglo dieciocho, el opio lo fue para los románticos del siglo diecinueve. Siguieron el camino de los sueños – el sendero del sueño a través de la adormidera.  Ninguno de ellos fumaba opio. Todos tomaban láudano.

For not to think of what I needs must feel,
       But to be still and patient all I can;
And haply by abstruse research to steal
       From my own nature all of the natural man -
      This was my sole resource, my only plan:
Till that which suits a part infects the whole,
And now is almost grown the habit of my soul.
— Samuel Taylor Coleridge, "Dejection: An Ode"

El nombre de Thomas De Quincey se convirtió  en sinónimo de opio por su Confesiones de un inglés comedor de opio. De Quincey trajo el “comer opio” a la conciencia colectiva. De Quincey fue el primer tomador de láudano en “salir del closet” de clase alta. (La clase trabajadora solía tomar láudano porque no podían comprar cerveza.)

Coleridge acusó a De Quincey de tomar opio por placer, mientras que él solo lo tomaba por sus propiedades medicinales, implicando cierta superioridad moral. La acusación pareció aburrir a  De Quincey más que preocuparle. Interesantemente, fue  De Quincey quien fue más capaz de poder controlar el hábito.  Después de varios años de tomar una pinta o más de láudano al día, De Quincey bajó su dosis gradualmente hasta tomar una o dos cucharas al día, y pareció bastante satisfecho de ello. Coleridge tomó cerca de dos pintas al día, la mayor parte de su vida, sus frecuentes intentos de salir de su adicción fracasaron siempre.

Alethea Hayter en Opium and the romantic imagination se refiere a John Keats como un escritor que tomaba opio solo ocasionalmente. Recientemente, fue hecho un test a un cabello guardado del poeta y los resultados indicaron un uso crónico de opiáceos.

George Crabbe, el poeta, usaba láudano regularmente, sin ningún tipo de efecto perjudicial en su poesía, trabajo, o vida familiar. Elizabeth Barrett Browning tomaba morfina para sus nervios y se hizo adicta. Lo dejó cuando se caso con Robert Browning, y estaba libre de drogas cuando dio a luz a su primera hija, pero probablemente cayó de nuevo más tarde.

Algunos, como Walter Scott, usaron láudano como medicina para problemas digestivos. Southey, Shelley y Byron usaron láudano cuando sintieron que lo necesitaban, y fueron capaces de dejarlo cuando  esa necesidad pasaba.

Wilkie Collins fue un adicto al láudano, como lo fue Baudelaire. Muchas plantas aliados pasaron por la vida de Baudelaire, incluyendo, absinthe. Si Edgar Allan Poe fue adicto al láudano o no, sigue siendo tema de debate.
La planta:

Fumé opio por primera vez de un biberón. Un pequeño agujero había sido perforado de un lado de la botella. El anfitrión tenía una pequeña bola de opio en la punta de un rin de bicicleta, y lo acercaba a una vela hasta que este se hacía suave. Un lado de la botella se calentaba también. Había un tapón de goma y un popote de vidrio en el  tapón. El anfitrión empujaba la botella sobre la vela, ponía la bola de opio sobre el agujero y me indicaba aspirar. Humos blancos llenaban la botella y entraban en mis pulmones. Fumé varias bolitas de opio.  Subía lentamente, durante las siguientes horas.

Esa es la manera como los jefes lo hacían. Los soldados no tenían tiempo para ese tipo de cosas. Ellos tomaban las cosas rápidas, el tipo de cosas que puedas pinchar en tu brazo.

En India, se puede comprar opio en pequeños vasos. Hay tal vez entre cuatro  y seis fumadas en cada vaso y quizás puedas fumar varios vasos.  Te dan una litera y una cabecera y el propietario es quien te prepara las pipas.

El error más común entre fumadores novatos de opio es quemar el opio en la forma en la que es quemado el hachís. Con el opio el objetivo es la vaporización en lugar de la combustión e incluso usando la mejor técnica, un montón de opio es destruido por el calor.

Pero el opio también se pierde en la digestión. Y si el opio es comido, los efectos son más difusos. (Cocteau decía que las dos prácticas de fumar y comer opio no eran parecidas en lo absoluto, y atraían a diferentes tipos de personas, pero es difícil adivinar a que se estaba refiriendo.)
Efectos:

La efectividad del opio es resultado de un pacto.
-          Jean Cocteau, Opium: Diary of a cure

Poesis:
Cuando la planta se seca, recolecta las semillas. En algunas variedades las válvulas de la cápsula se abren. En otras, las válvulas nunca se abren y tienes que abrirlas para recolectar las semillas. Seca las semillas y se mantendrán bien, para preparar el siguiente cultivo y para comida.




domingo, 22 de septiembre de 2013

Los placeres farmacológicos

"Los placeres farmacológicos están aquí para quedarse, y debemos aceptarlo para ser capaces de fundar las políticas en prevención y protección, y no sobre prevarización y propaganda. Si las drogas con las que nos deleitamos causan perjuicio, suavizemos sus toxicidades, desactivemos sus peligros... si las personas quieren disfrutar de euforizantes, que obtengan los placeres más puros, los éxtasis más exquisitos que la farmacología pueda proporcionar. Sólo la farmacohedonología puede llevarnos desde nuestra parálisis actual al paraíso psiconáutico."   

Pharmacophilia ó los paraísos naturales, Jonathan Ott.